1901 2013

La bebedora de absenta, Picasso, 1901. Museo del Hermitage, San Petersburgo.

Hace dos semanas visité una exposición de Picasso en la Courtauld Gallery centrada en la llegada de Picasso a París en 1901. Este acontecimiento supuso un antes y un después en la vida personal y profesional de Picasso, ya que significó su punto de partida como artista “reconocido” –que no real, ya que Picasso llevaba años pintando cuando llegó a París. Aún así, esto sucede cuando Picasso tenía sólo 19 años.

1901 es uno de los años más importantes de Picasso como artista porque es el comienzo de su famoso período azul. Y todo empieza, como él mismo reconocería más adelante, por el suicidio de su gran amigo Carles Casagemas en París, en febrero de 1901. Yo no soy para nada entendida en arte, pero lo que más me asombró de las obras que se exponían era que cualquiera –hasta yo, que disto mucho de ser una experta- podía sentir la melancolía de los personajes pintados por Picasso. Los ojos de los personajes –arlequines, enanas, bailarinas de can-can, prostitutas- transmitían sensaciones que todos hemos sentido alguna vez. Eso es para mí el arte.

Hoy me he levantado y he leído los mensajes que me mandan unas amigas españolas en el grupo de “WhatsApp” que tenemos. Si bien es cierto que ninguna nos podemos quejar, porque al fin y al cabo tenemos una familia que nos ayuda, las necesidades básicas cubiertas, etc, he empezado a pensar en lo diferentes que son las cosas ahora, en 2013, si lo comparo con 1901: el año en que Picasso llegó a París. Puede parecer muy obvio este pensamiento, y lo es, pero es en lo que me he parado a pensar. Sobre todo desde el punto de vista del desarrollo profesional. Picasso llegó a París para exponer sus cuadros con sólo 19 años porque un importante y rico marchante de arte, Ambroise Vollard, confió en él, vio su potencial. Aunque Picasso hubiese pintado desde pequeño y se preparase académicamente –en Madrid y Barcelona- para ser pintor, alguien realmente confió en él y le dio una oportunidad que supuso un antes y un después en su carrera. Hablando con mis amigas, muchas de las cuales no tienen trabajo o, como yo, se ven obligadas a trabajar en algo que dista mucho de ser para lo que han estado estudiando cinco o seis años, cobrando un sueldo indigno, me doy cuenta de que hoy en día nadie da ya un duro por los jóvenes que se han esforzado y se esfuerzan por demostrar lo que valen.

Ahora resulta que ya da igual tener una carrera. Ahora resulta que lo que hubiera sido mejor era no haber estudiado nada y haber trabajado más. Ah, perdonen, me he dado cuenta tarde, ya he gastado seis años de mi vida estudiando algo que no me va a dar de comer. Mis amigas y yo tenemos entre 23 y 27 años. Ninguna estamos trabajando en algo de lo que hayamos estudiado. Y las que hemos podido, en alguna ocasión puntual, trabajar en algo relacionado con nuestras carreras, ha sido gratis o casi, con la única promesa segura de que “lo puedes poner en el currículum”.

Somos una generación cuya carrera empezará a despegar de verdad a los 30 años. Qué diferencia con ese Picasso que tuvo la oportunidad –y el valor que ojalá hubiéramos tenido muchos- de dar a conocer la valía de su obra a los 19 años. Al menos me consuela pensar que nuestro mérito será que todo lo que consigamos, lo habremos conseguido solos, por nuestros propios medios. Que como dice mi amiga Jeny, somos “artistas sin mecenas” que tenemos el consuelo de internet que nos permite crear espacios en los que sólo nosotros nos dirigimos y decidimos. Porque hoy en día todos somos un poco artistas, aunque seamos psicólogos, arquitectos, profesores, ingenieros o escritores. Somos un poco artistas porque nos tenemos que inventar los medios para seguir teniendo esperanzas y ganas de seguir, aunque haya veces que de lo que tienes ganas sea de abandonar, aunque haya gente a nuestro alrededor que intente quitarnos nuestro entusiasmo.

Sí, después de todo creo que somos una nueva generación fuerte, como ya las ha habido en épocas anteriores en la historia. Llegaremos a conseguir lo que queramos conseguir. Lo único que deseo y espero es que todos estos jóvenes que formamos parte de esta generación sin trabajo, sin independencia total y sin dinero, no olvidemos que todo lo que hayamos conseguido cuando por fin lo consigamos, lo habremos conseguido SOLOS, sin ayuda de nadie, porque decidimos que confiar en nosotros mismos era la única solución y fuimos resistentes. Porque no dejamos que nada ni nadie nos hundiera –un jefe ignorante y aguafiestas, una casera loca y maniática, un profesor desmotivante y desmotivado, unos políticos inútiles y cansinos. Creo firmemente que somos y seremos la generación con más sueños por cumplir, con más metas por conseguir. Una de las generaciones con más dificultades –que no la única, ni con las dificultades más grandes. Nuestras dificultades y obstáculos son diferentes a los de generaciones anteriores, pero dificultades y obstáculos al fin y al cabo.

Lo único que me da fuerzas cada vez que ando el camino que me lleva de mi casa al trabajo es pensar que algún día no muy lejano estaré haciendo lo que realmente quiero hacer, y sé bien que lo voy a conseguir.

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