“Esa gente sólo quería pollo y tal vez por eso los odiaba, o por cualquier otra cosa”

Hoy empiezo oficialmente a estar inmersa de nuevo en ese exasperante proceso que es buscar un trabajo en Londres (me refiero, por supuesto, a un trabajo precario). Al menos exasperante para mí. Claro que yo soy una persona bastante propensa a la exasperación. Pero hoy no es día de self- deprecation ni consideraciones filosóficas acerca de mi debilidad mental. Lo tengo que aparcar mientras consigo un nuevo trabajo precario. Cuando lo consiga volveré a sacarlo.

Llevo poco tiempo, sólo dos horas y sólo aplicando por internet, pero ya he completado el interminable proceso en Café Nero y en Pret a Manger. Procesos más o menos normales, preguntas típicas que en los dos sitios han sido prácticamente las mismas, pero que consumen un tiempo increíblemente largo. Si por lo menos pudiera copiar y pegar mis respuestas… Pero claro, una vez se envía la aplicación las respuestas desaparecen en el mar de la desesperación de las aplicaciones europeas, en la base de datos del recruiting team para siempre (o mejor dicho, por un período de seis meses).

Todas hablan del “entusiasmo por trabajar de cara al público”, de provide excellent customer service, de la importancia del trabajo en equipo, de ser self motivated. Mientras, yo hago lo propio y  miento diciendo que me encanta trabajar de cara al público, que tengo verdadera pasión por los clientes, que me encanta regalarles una sonrisa aunque sean unos maleducados porque posiblemente esa sonrisa sea la única que vean en todo el día y  mierdas de ese estilo. Creo el perfil de la camarera perfecta porque claro, si no eres capaz de ser la mejor camarera del mundo ¿cómo vas a ser la mejor profesional en cualquier otro campo cualificado y profesional? En mi perfil, en las respuestas que mando, yo misma me contrataría en cualquier sitio. Sí señores, este trabajo me encanta y ganando 6`31 libras la hora soy más, mucho más que feliz. Al menos permite soñar mucho y salir poco.

Cuando he terminado esas dos aplicaciones he ido a por la última: EAT, el hermano pequeño de los gigantes de comida rápida pseudo-natural-fresca-sana. Estaba completando de nuevo todos los huecos, los mismos de siempre, sí, sí, me encantan los clientes, son la alegría de mi vida. Hasta que llego a la última pregunta del cuestionario. La última. Y es la siguiente: Would you be able to make the Buzz?  Había que ver un vídeo para contestar a la pregunta. Esta aplicación me está llevando más tiempo del que esperaba. Total, todo para hacer cafés y limpiar mierda. Pero bueno, veo el vídeo de marras. En él aparecen trabajadores con su uniforme negro al lado de lo que parecen sus managers o supervisores , vestidos de calle (claro). Se ponen de acuerdo y cuentan hasta tres para soltar un grito que no entiendo (tal vez por la mezcla de acentos).

A continuación aparece un tipo en traje y con ricitos negros engominados con una pizarrita de fondo en lo que parece un curso de formación, él en primer plano. Muy convencido de su empresa y blablablá. Él sí es inglés, lo sé por el acento. Después sale una chica rubia con acento y aspecto del este, y a grito pelado suelta Hot soup! y también Hot pies! frente a una cola interminable, ante las caras entre anonadadas e incrédulas de los clientes, que sólo quieren comer o pensar, que sólo tienen media hora para descansar. Y en el mismo vídeo, a continuación, aparece el genio inventor del tal llamado Buzz, un tipo joven con pinta de estar empezando en “el campo”.  Justifica su brillante idea con una sonrisa de oreja a oreja y unos dientes, además, perfectos y relucientes, inglesito de Oxford. Y él habla y yo le escucho a medias. Porque lo que me estoy imaginando es a él en su casa, solo en su mesa de trabajo, por la noche a la luz de un flexo de Bang and Oluffsen, rompiéndose la cabeza intentando pensar en algo novedoso y genial porque el director de EAT, el señor trajeado y engominado que también aparece en el vídeo, le dijo ayer en su despacho que iban a la cola de los establecimientos de comida rápida en Londres y que como no haga algo para remediarlo se va a la calle. “Para eso te pago inútil, eres el director de márketing, de ventas y de publicidad. Haz algo.” Y él rememora esa reunión en el despacho de su jefe. La rememora esa noche en la soledad de su estudio. Y no ha formado aún una familia pero tiene este estudio en Hoxton, o en Haggerston o en Dalston y es lo único que tiene y lo tiene que mantener, for god´s sake. Entonces piensa que se la suda, que mañana tiene que llevar algo, sea lo que sea y que sea lo que dios quiera. Va a proponer lo primero que se le ocurra, lo más absurdo. Entonces se le ocurre el grito o Buzz. Los trabajadores de EAT ganan el mínimo, necesitan dinero, viven para trabajar. Si nadie se ha quejado por las horas o el trato o el trabajo mal pagado no se van a quejar ahora por tener que hacer el Buzz, ¿verdad?, ¿verdad?

No llego a ver el vídeo entero. Le doy a la equis, lo cual borra toda mi aplicación. Me acuerdo de lo que me dijo Jeny el otro día. “Esa gente sólo quería pollo y tal vez por eso les odiaba, o por cualquier otra cosa”.

Esta gente sólo quiere pollo, o sopa, o un flat White (sea lo que sea eso). Es lo único que quieren. Señores, que me cuelguen en una plaza pública si quieren por negarme a hacer una gilipollez soberana como es el Buzz. Menos mal que Londres es grande. Y está plagado de otros trabajos precarios que sí estoy dispuesta a hacer.

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