Algo incierto.

 

Hoy he vuelto a mi antiguo barrio, el último antes de marcharme de Londres el verano pasado: Homerton, Hackney.

 

Vuelvo a mi antiguo barrio y me bajo en la parada en la que me bajé la primera vez, cuando fui a ver aquella casa de película de Almodóvar. Ya veo las bicis y los hipsters, aún gorros de lana. Alguna que otra barba. Más bicis.

 

Vuelvo a mi antiguo barrio. Y echando la vista atrás, recordando, creo que fui feliz esos tres meses. O algo parecido. Era cuando la soledad no era algo que me preocupara. Y si lo hacía, era sólo al final del día, o algunas horas en medio de la tarde.

 

Recuerdo que aún trabajaba en la tienda de ropa. Recuerdo aquellas tardes que ya presagiaban un verano posible hasta en Londres, volviendo desde el Overground hasta mi casa, unos diez minutos. Era esa brisa fresca de las diez de la noche, volviendo tras un duro –o aburrido- día en la tienda, cansada después de cerrar.

 

Me gustaba ese paseo, desde el Overground a mi casa, a veces con un cigarro, otras no. Pensando en las locuras que me diría mi landlady al llegar. A veces, también, rezando por no encontrármela. Aunque casi siempre prefería encontrármela, cruzar con ella algunas palabras locas.

 

Esa brisa en la cara, sólo con una chaqueta vaquera y mi vestido, era todo. Era mucho. Y estaba sola.

 

Victoria Park por la mañana, incluso antes de entrar a trabajar. Hackney Wick.

 

Escribir todas las tardes.

 

Volver de mis clases de arte desde la National Gallery – hasta que dejé de ir porque la profesora nos daba la espalda cuando hablaba: miraba a los cuadros en vez de mirarnos a nosotros, y yo no me enteraba de nada-. Volver de esas clases en varios autobuses me gustaba. A veces hasta cuatro. Pero siempre el último en Cambridge Heath. Y a veces, si tenía tiempo y ganas –aunque tiempo hay siempre, y a veces demasiado- no me quedaba en la misma parada de Cambridge Heath, donde pasaba mi autobús a casa, si no que me iba andando unas cuantas paradas más hacia delante, para ver a la gente.

 

Era un barrio contento, no diría feliz. La gente estaba contenta. Y una vez les critiqué por su cinismo. Por estar pagando rentas desmesuradas con tal de decir que viven en Cambridge Heath, o en Hackney, y ser hipsters de pro –no puedes definirte a ti mismo como hipster si vives en Upton Park-. Pero ahora les comprendo. Es esa brisa, es estar junto al canal, son las tiendas de chinos, de muebles, de espejos. Es estar apartado- a la vez que cerca- de Shoreditch. Es un barrio para pasear.

 

Pero yo seguía, porque no tenía ni tengo el privilegio de vivir en Cambridge Heath, y todos los hipsters abandonaban el 26 antes que yo, que me bajaba en la penúltima parada, pero aún podía decir que vivía en Hackney, en una casa con una señora mayor que decía oler a su padre -muerto- y una italiana fashion stylist. Una casa con paredes de leopardo, cuadros de vírgenes en las paredes, y un váter de purpurina.

 

Recuerdo también que esa misma brisa, y ese mismo sentimiento de contento de la gente por la calle era lo que me hacía coger el 30 a cualquier hora e irme, simplemente, al Tesco. Un Tesco enorme, lleno de hipsters por supuesto pero no sólo hipsters. Y la verdad es que me conformaba con ver las caras de la gente. Lo recuerdo todo a cámara lenta.

 

Porque en los tres meses que viví allí, todo fue despacio, no hubo prisas. Nunca llegué tarde a trabajar, nunca fui corriendo.

 

Paso hoy de nuevo por allí, como digo, en la misma parada que aquella primera vez. El mismo restaurante chino, cerrado. El mismo bar que hace esquina, “The Tiger”.

 

Paso frente a mi antiguo portal, un edificio del Council, el mismo olor a porro sale de dentro. No me atrevo a llamar a mi antigua landlady, por si acaso. No era alguien “lovely”, precisamente. Y ha pasado un año.

 

Era mi tranquilidad y mi yo. Mi soledad elegida y aceptada. Mal llevada a veces. ¿Mal llevada a veces?

 

Mis inseguridades y también mis planes. Mis despreocupaciones.

 

Me pregunto por qué no nos damos cuenta de cuándo un momento es decisivo, nada más que cuando ha pasado. En ese momento yo no era consciente de que iban a ser los momentos que ahora recuerdo con mayor cariño de mi Londres del principio, de mi primera parte. El final de la primera parte.

 

Quiero decir, no me hubiera quedado, no lo hubiera hecho de otra manera, me habría ido igualmente, no borraría nada. Pero llevo días rememorando esos paseos desde el Overground hasta mi casa, después de trabajar, a las diez de la noche, cuando el verano londinense empezaba a despertar la esperanza de algo incierto, con una chaqueta vaquera y mi vestido.

 

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Un Comentario

  1. aluchiana

    Cualquier tiempo pasado fue mejor??? Eso dicen… Pero sea así o no, la verdad es que lo pasado, pasado está y forma parte de lo que eres hoy. Recuerda con cariño, sí. Pero no te estanques… sigue, que todavía queda mucho por vivir y a lo mejor el momento que estás viviendo ahora mismo es tan decisivo como los que recuerdas… sólo que todavía no lo sabes! Disfruta, aprende… =)

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