Etiquetado: Edwidge Danticat

El arte de sobrevivir.

“It`s not the same, Papi”. I`d tried, but he shook his head.

“Pero of course it is mijita. All your life is a work of art. A painting is not a painting but the way you live each day. A song is not a song but the words you share with the people you love. A book is not a book but the choices you make every day trying to be a decent person”.

Patricia Engel, “It`s not love, It`s just Paris”

Edwidge Danticat es una escritora de origen haitiano que emigró a Nueva York con sus padres cuando ella era aún una niña. En una entrevista publicada en The Atlantic, afirma que todos los inmigrantes son artistas de alguna forma. Para ilustrar su idea elige este fragmento del libro de Patricia Engel cuyo título, por cierto, me encanta. Según palabras de la propia Danticat,

“Esa experiencia de tocar fondo en un lugar completamente desconocido es como tener un lienzo en blanco: empiezas sin nada, pero golpe a golpe te construyes una vida. Este proceso requiere todo lo que el arte requiere: asumir riesgos, esperanza, mucha imaginación. Todas ellas cualidades que cimentan el arte. Tienes que ser capaz de soñar con algo casi imposible e intentar hacerlo realidad”.

Al leer sus palabras pensé en muchas cosas. Pensé primero en lo bonito que es calificar a los proyectos como “casi imposibles” en vez de “imposibles”. Y también en la buena pareja que hacen las cosas “casi imposibles” y la imaginación. Porque cuando se tiene poco dinero, como cuando se llega a Londres a trabajar de lo que sea, necesitas varias cosas sin las cuales no se puede sobrevivir:

–          Mucha imaginación.

–          Aprender a ser un buen actor o actriz.

–          No preocuparse por llegar a fin de mes: asumir que, en el caso de que consigas mantener el tipo hasta fin de mes, nunca te van a sobrar treinta libras, y cuanto antes se asuma, mejor.

Este último punto está relacionado con algo sobre lo que algún día podría escribir un libro: cómo sobrevivir en Londres con 850 libras al mes. Y esas tres cosas vienen antes de empezar a preocuparse por comer bien o encontrar trabajo.

Entonces… ¿Soy una artista? Sí, lo soy. Lo somos. Qué bien me sentí en aquel momento. La vida, al fin y al cabo, es un trabajo artístico. Y hoy en día quedarse en España también lo es. Pertenezco a esa generación, o a ese grupo de gente que no puede estar parada (quieta). Somos conscientes de lo difícil –casi imposible- que es cambiar la situación actual: tenemos un amplio rango de representantes inútiles, mentirosos y ávidos de poder que no se van a apear de él tan fácilmente.

Claro que nosotros no vamos a esperar a que el capitalismo –sin saber lo que abarca esa palabra que creía que sólo existía en los libros de Historia, en el colegio- caiga por su propio peso. Se empieza de nuevo ahora, todos los días a las nueve de la mañana. Y si no se sabe cómo, se inventa. Yo no pongo mi vida en manos de nadie. Si nadie me ofrece una solución está bien, me la buscaré yo sola.

Danticat habla, además, de cómo las personas que se han visto obligadas a emigrar enseñan ese “arte de vivir” a sus hijos, y cómo pasa de generación en generación. Por ello, también apunta a la dificultad de los padres emigrantes para aceptar que sus hijos quieran dedicarse a profesiones más “artísticas”, cuando nunca sabes realmente si vas a tener dinero el mes que viene –en el caso de que seas un buen escritor-. Cómo se aprecia una familia que te apoya, y no sólo eso: también te anima. En ese aspecto yo soy una afortunada.

Supongo que, a pesar de mi enraizada tendencia al pesimismo a la que no renunciaré e incluso me gusta en ciertos momentos, hay que hacer las cosas con entusiasmo, o no se hacen. Esta mañana, en una tienda fotográfica de barrio, con pocos clientes ya, no he visto ni una sonrisa en la dueña de la tienda. Nada menos que tres clientes en su tienda –seguramente esta será la temporada alta para las tiendas fotográficas- y ni una sonrisa. Ni una sola palabra amable. Ni un solo comentario fácil sobre el fin de las vacaciones o el tiempo. No he aguantado más de cinco minutos. He salido de la tienda, más que con enfado, extrañada. ¿Por qué? En lugar de intentar conservar clientela, de trabajar un poco el futuro. Es más fácil no dejar de pensar en la dificultad y en la crisis, supongo. Entendí a la dueña de la tienda, pero sintiéndolo mucho, yo ya no doy mi dinero –escaso y ganado con mucho trabajo, como ella y como todos- a gente que no es capaz ni tan siquiera de ofrecerte algo parecido a una sonrisa, lo mínimo para un buen servicio.

A riesgo de sonar demasiado psicóloga, coach, o sonar a Paolo Coelho, prefiero callarme ya. Como he dicho antes, en estos tiempos, si no se es un buen actor… Ni siquiera te pongas detrás del telón.

La entrevista es de Joe Fassler, publicada en The Atlantic el 27 de agosto de 2013. Puedes leer la entrevista completa aquí:

http://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2013/08/all-immigrants-are-artists/279087/