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Mujeres valientes (que he conocido a lo largo de mi vida).

Hace unos días hizo un año que llegué a Londres. Intenté hacer eso que odio tanto pero que no paro de hacer (como tantas cosas en mi vida): un balance. Al ver que la parte de ganancias no era todo lo gruesa que me hubiera gustado, lo dejé. Porque acabo de firmar un contrato de tres meses en la habitación en la que estoy viviendo.

En un alarde de originalidad abrí el Facebook, y al ver una foto que una buena amiga subió recientemente –una foto que ya le confesaré a ella más adelante- me vinieron a la cabeza dos palabras: mujeres valientes. Esa foto, o la historia que hay detrás de esa foto, fue lo que me llevó a escribir sobre este tema. Un tema que, para mí, no sé por qué, es tan difícil.

Siempre me ha gustado rodearme de personas interesantes. He tenido la gran suerte de que este hecho se haya dado por pura casualidad, y no porque yo haya ido buscando y seleccionando sólo a la gente que me pareciera interesante. Gente que me aportara aprendizajes, experiencias y formas distintas de ver y vivir la vida.

Muchos de esos ejemplos y esas historias y esas influencias, me las han aportado las mujeres que siempre me han rodeado, o que en alguna parte de mi camino he tenido la suerte de encontrarme. Desde mi madre, la que lo hizo siempre, hasta las amigas más recientes, pasando por las importantes de la adolescencia –por la dificultad de la edad, en especial (lo reconozco) de la mía-.

Últimamente suelo irme a correr. Obviamente, veo tanto a hombres como a mujeres haciendo el mismo ejercicio que yo. Pero me llama la atención -y no sé por qué- la cantidad de mujeres que, como yo, disfrutan paseando o corriendo solas por la calle, caminando lentamente, con expresión de satisfacción en sus caras. Tal vez me impresiona porque yo misma, hace unos años, me veía incapaz de hacer lo que ahora hago: viajar para trabajar en África, venirme a Londres sola… Y buscar (y amar) la soledad. También es que hace unos años, no tantos, ver a una mujer caminando o yendo al cine sin ninguna compañía más que la de ella misma, hubiera sido fruto de comentarios sigilosos y miradas de reojo.

Y otra vez pienso en las dos palabras: mujeres valientes. La s que no están pendientes de una llamada, cuyo bienestar no depende de que esa llamada se produzca. Las que cogen el teléfono y dejan de esperar. Las que en vez de quedarse en casa salen a la calle. Las que en vez de salir a la calle se quedan en casa. Las que viajan solas, las que empiezan un proyecto y las que lo terminan. Las que lo intentan y fallan. Las que lo intentan y triunfan. Las que miran hacia delante y no “caminan como si un séquito de hombres fuera detrás de ellas”, como sugiere un famoso diseñador de moda que hagamos –a mí eso me daría bastante vergüenza, fueran hombres o mujeres los que me siguieran, y me resultaría incómodo-.

Con el tiempo me he dado cuenta de que se puede seguir la moda, vestir “a la última”, gustarte la ropa y las tendencias sin tener que dedicarte el “fashion bussiness”. Que puedo admirar igualmente a Anna Wintour y a Miuccia Prada sin perseguir ser la directora de Vogue América o la directora creativa de una marca de lujo. Que sus enseñanzas se pueden extrapolar a cualquier campo. Que el liderazgo que las mujeres ostentan en campos como la moda es aplicable a cualquier campo, porque la moda es, al fin y al cabo, un negocio. Da igual que el trabajo sea como limpiadora, directora de una multinacional o investigadora. Que lo que importa es el valor y el carácter.

Una mujer valiente no es la que no tiene miedos. Es aquella que, teniéndolos, se enfrenta a ellos y los supera.