Etiquetado: Vintage

Maravillosamente vintage.

No soy en absoluto una entendida en fotografía. Difícilmente puedo sacar una foto interesante con Instagram. O con el móvil. Pero el otro día me acordé de que mi padre tenía una vieja Polaroid.

Siempre me han gustado esas cámaras, en las que haces la foto y no sólo la puedes ver instantáneamente, cosa que se puede hacer con las cámaras digitales hoy en día, si no que se le añaden otras cosas mágicas que las digitales no tienen, y que nunca tendrán.

En primer lugar, el tiempo de espera mientras la foto se revela por obra y gracia de la ciencia, supongo. Por procesos que como no entiendo, me parecen magia. Esos minutos de espera, en los que no sabes lo que vas a ver. Si habrá salido borrosa, torcida, con mucha o poca luz, si la persona -si es que la hay- saldrá bien… Y sobre todo: que lo hecho, hecho está. Ni se puede repetir exactamente lo mismo, ni se puede retocar. Es el valor del error y de la tara al máximo exponente. Lo valioso de la fealdad y la belleza que en ella puede encontrarse, como dice la señora Prada.

Por otra parte, con los cartuchos actuales cuando sale la foto hay que cubrirla con una pequeña cartulina negra. Y lo que más me gusta: para que el proceso de revelado sea óptimo, hay que colocarla pegada al cuerpo. ¿Qué cámara hoy en día nos permite una relación tan cercana con la foto? Y diría más. ¿Qué forma de arte nos permite estar tan en contacto con nuestra creación, que hasta la tenemos que calentar con nuestro cuerpo? Esto es lo más cerca de un embarazo que he estado nunca.

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Además, se tienen que conservar también de una forma especial, porque si no pueden perder el color. No puede ser un lugar demasiado húmedo, ni les puede dar el sol directamente ni tampoco estar expuestas a altas temperaturas. Estas obras requieren una conservación a la altura de su creación.

Por último, está el hecho de que los cartuchos sean extremadamente caros: veinte euros por ocho fotos. El carácter especial que adquieren esas ocho fotos es inigualable a las veintemil tontadas que sacamos todos los días con el móvil o con la cámara digital al uso para ignorantes de la fotografía, como yo.

Nunca antes me había dado por la fotografía, aunque siempre me ha gustado y me encantaría saber cómo hacer de una foto una obra de arte. Con esta cámara creo que he encontrado lo que realmente me gusta hacer: creaciones especiales, limitadas, engendradas gracias a la persona que las crea, sin cuyo calor y cuidado no pueden salir adelante.

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